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¿Podría haber formado el Tíbet parte de Rusia?

Misiones secretas al Tíbet

En el siglo XIX Rusia comenzó a aplicar una política exterior activa en el Lejano Oriente. Esto provocó el descontento del Imperio Británico. Pronto hubo una guerra diplomática sorda por la influencia en esta región de tanta importancia estratégica para ambos países, en la que participaron activamente la inteligencia rusa y británica.

¿Podría haber formado el Tíbet parte de Rusia? Conocidos expertos en el terreno de la medicina tibetana como el Dr. Petr Badmaev (ing) instigaron al emperador Alejandro III para que fuese posible. Badmaev fue el único doctor que en la Rusia del siglo XIX estudió y practicó ese tipo de medicina. Los zares Alejandro III y Nicolás II fueron pacientes suyos. Murió en una prisión soviética en 1920.

En febrero de 1893 este hombre extraordinario, perteneciente a la asiática etnia buriata y honrado con el rango de Consejero de la Corte Imperial, correspondiente al rango militar de Teniente Coronel envió una nota al emperador sobre las posibilidades e influencias de la política rusa en Asia. Badmaev creía en la posibilidad de unir a Mongolia y el Tíbet al imperio ruso, e incluso partes de China.

“Los budistas creemos que el rey ruso blanco es un reencarnación de la diosa Tara, patrona de la fe budista”, escribió Badmaev. “Ella se ha reencarnado como el Rey Blanco para suavizar las costumbres de los habitantes de los países del Norte. El Rey Blanco es ideal para los pueblos del Este”.

Mientras tanto, el emperador era escéptico a esta idea. “Todo esto es tan nuevo, inusual y fantástico que es difícil creer en la posibilidad de éxito”, decía una nota de Alejandro III en un escrito de Badmaev.

Sin embargo, esto no impidió que los servicios de inteligencia rusa prestasen atención al Tíbet. En los años 1898-99, Badmaev visitó Lhasa bajo la apariencia de un Lama. Allí vivía el ruso (en aquella época los buriatos pertenecían al imperio) Agvan Dorzhiev, (o Agvan Lobsang Dorje), el mensajero de Shambhala, que también era buriato. Este ser espiritual fue galardonado con el título de Tsanit Khenpo (o Tsanid-Hamno), más o menos “Maestro de filosofía budista” o “Profesor de Metafísica budista”.

Tenía el deber de continuar con el Dalai Lama XIII (ing) conversaciones y debates teológicos y filosóficos. Cuando Dorzhiev habló abiertamente sobre su misión a la cabeza del Tíbet, el Dalai Lama reaccionó favorablemente a la idea de una alianza con Rusia, y envió al místico a una misión secreta a San Petersburgo en 1898. En 1901, el Dalai Lama destina a otro emisario a Rusia. El enviado tibetano sostuvo conversaciones en San Petersburgo con representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso. El historiador militar y coronel retirado Andrei Nikolayev manifiesta que el Dalai había depositado una gran confianza en Rusia.

El Dalai Lama, por cierto, había puesto grandes esperanzas en Rusia, dice el historiador militar y coronel retirado Andrei Nikolayev:

“Ante el temor de la invasión británica del Tíbet, el Dalai Lama pidió al gobierno de Rusia desplegar en el territorio de Mongolia, cerca de la frontera tibetana una división cosaca de buriatos para comunicarse con los representantes rusos y proporcionar apoyo armado si era necesario, al líder espiritual tibetano.

El Dalai sugirió que dos expediciones científicas rusas podrían ser enviadas a Lhasa, que en caso de necesidad podría ser protegidas y ayudarles a moverse a un lugar seguro. Se llevó a cabo la preparación de dos de tales expediciones. Una de ellas al mando del capitán Peter Kozlov (ing), la otra bajo el del capitán Kazakov. Pero más tarde la idea fue abandonada. La llegada de oficiales rusos a Lhasa podría causar la sospecha de que Rusia estaba albergando intereses ocultos en el Tíbet”.

La guerra diplomática con Gran Bretaña por la influencia en Asia estaba sufriendo una escalada y se temía que podría culminar en abiertos enfrentamientos bélicos. Con los años, bajo los auspicios de la Sociedad Geográfica de Rusia Imperial en las regiones de Asia Central, Rusia envió cuatro expediciones bajo el mando de un oficial con experiencia y un famoso viajero Nikolai Przewalski (Николай Михайлович Пржевальский), más tarde recibió el grado de general y un alto cargo público. Los rusos, también trabajaron con éxito bajo el mando de un oficial del Estado Mayor, Kozlov y la del famoso explorador del Asia central, Vsevolod I. Roborovskiy (Всеволод Иванович Роборовский).

La posición oficial de San Petersburgo a finales del siglo XIX era que el Tíbet, que estaba bajo la autoridad suprema de China, debía mantener un cierto grado de independencia. Este tipo de solución estaba en los intereses nacionales de Rusia. Aún así, las noticias de las negociaciones ruso-tibetanas causaron alarma en Londres. Los británicos observaban celosamente la creciente influencia de Rusia en Asia. En 1901, el periódico alemán con sede en Shanghai “Der Ost Asiatische Lloyd” (enlace inglés) escribió:
“Desde el inicio del gobierno ruso en Asia Central, miles de peregrinos budistas han acudido en masa a Lhasa con sus historias sobre el poder de Rusia, la difusión del encanto de lo ruso en Asia y, por tanto, sin saberlo o a sabiendas facilitaron la expansión de la influencia rusa”.

El Gobierno ruso estaba interesado en la región de Xinjiang contigua a las fronteras de los territorios del imperio ruso. Ese área limita con el Tíbet, y podría convertirse en un preludio de hostilidades e incluso en zona de guerra. Para el Estado Mayor ruso, era importante conocer todos los caminos de la zona y la posibilidad de su uso para desplazar a las tropas británicas a los límites de las posesiones de la corona rusa. Años antes, el Emperador Alejandro II, que fue apodado el Libertador, ordenó que se llevase a cabo en el menor tiempo posible la construcción de un ferrocarril en Asia, alejado de las montañas, para facilitar el transporte, proteger a la mano de obra y la munición.

En 1904, aprovechando el inicio de la guerra ruso-japonesa, Gran Bretaña comenzó una intervención armada abierta en el Tíbet. Los tibetanos ofrecieron una tenaz resistencia, pero las fuerzas no estaban igualadas.

Los antiguos fusiles de boca ancha y las espadas no podían resistir a los rifles de tiro rápido, ametralladoras Maxim y armas de fuego de artillería de montaña. Después de la captura de la fortaleza de Gyantse, el camino a Lhasa se abrió para los británicos. El 2 de agosto de 1904, un destacamento bajo el mando del Coronel Francis Younghusband entró en la sagrada capital del Tíbet.

El Dalai Lama se vio forzado a huir a la vecina Mongolia. Obligado por los acontecimientos, fue poco a poco desarrollando un dirección desfavorable para Rusia. En septiembre de 1904, Gran Bretaña firmó un acuerdo con oficiales tibetanos, que no tenían autoridad para llevarlo a cabo. Según el documento, China perdió casi por completo su poder en el Tíbet. Los tibetanos estaban obligados a pagar a los británicos durante 75 años una contribución de 7.5 millones de rupias (Aproximadamente unos 535 millones de dólares). Para garantizar estos pagos, los británicos ocuparon el valle de Chumbi, de un gran importancia estratégica y que se encuentra en la encrucijada entre el Tíbet, Sikkim y Bután, pero la lucha contra los británicos no cesó.

Los altos dignatarios tibetanos se comportaron de manera impredecible. Para aclarar la situación, el Ministerio de Defensa de Rusia decidió enviar a un grupo de reconocimiento al Tíbet con el pretexto de defender a los monjes budistas. Eran calmucos que servían en unidades de cosacos que practicaban el budismo. En enero de 1904, el zar Nicolás II recibió una nota secreta del Ministro de la Guerra, el General Alexei Kuropatkin que decía lo siguiente:

“El 3 de enero de este año, su Majestad Imperial ha tenido a bien enviar una misión de alto secreto al Tíbet para recoger información sobre el país, adscrita a la dirección de las tropas cosacas del Primer Regimiento de Cosacos del Don al mando del capitán Ulanov, por un período de aproximadamente un año, acompañado del gelung personal (sacerdote budista militar) Dambe Ulianov del pueblo de Potapovsky (cosacos del Don) y del intérprete Liji Sharapov de la misma localidad”.

Pero en el camino hacia el Tíbet, acontecieron sucesos inesperados. El comandante del grupo, el capitán Ulanov, un graduado de la Academia del Estado Mayor General de Rusia que estaba bien versado en el idioma tibetano, enfermó y murió, en circunstancias nunca aclaradas, se llegó a hablar de envenenamiento de los británicos pues Sharapov cayó desde un tercer piso tiempo después, aunque lo superó. El lama Ulianov fue invitado a dirigir la misión. En la segunda quincena de mayo de 1905, el grupo de reconocimiento ruso llegó a Lhasa. Fueron recibidos con gran respeto. Ulianov fue tratado como gegen, el máximo representante del clero budista. Tiempo antes, el zar había recibido secretamente en Palacio, a los dos oficiales para hablar de la situación.

Los lamas locales fueron rápidamente convencidos de que el peregrino ruso era un gran experto en las enseñanzas de Buda. Y ello, a pesar de que en la etapa de preparación para la expedición al Tíbet, Ulianov escribió un tratado en lengua tibetana sobre asuntos polémicos del budismo. Se dirigió a las autoridades espirituales locales para debatir sobre el libro.

Los agentes británicos encargados de vigilar estrechamente al grupo ruso, dejaron pronto de espiarlos, después de informar de que estaban convencidos que la visita y la reunión no tenían otra finalidad que la religiosa-espiritual. El lama Ulianov fue capaz de lograr un reunión con el Ganden Tripa Rinpoche. En ausencia del Dalai Lama, el país fue gobernado por el jefe de la tradición Gelugpa del budismo y Ganden, el abad del monasterio. Durante la reunión, Gaden Tripa Rinpoche dijo que la actitud de la población y los lamas para con el Dalai Lama no había cambiado, y los tibetanos seguían considerándolo su líder espiritual. Todo el mundo estaba a la espera de su regreso.

La situación en el Tíbet era peligrosa debido a la amenaza militar británica. La misión de reconocimiento de Rusia se alojó en Lhasa durante tres meses. Durante este tiempo, el lama Ulianov se reunió en varias ocasiones con altos funcionarios, estudió la situación en la capital y otras partes del Tíbet, según declaraciones de peregrinos que llegaban de allí. La información entregada a San Petersburgo despertó un gran interés en el Ministerio de Relaciones Exteriores y el de Defensa.

A mediados de agosto 1905 la misión secreta rusa dejó Lhasa. Recordando la tragedia de Ulianov y Sharapov y manteniéndose alerta, pero no pasó nada. El 17 de marzo de 1906, los exploradores llegaron a la entonces capital del Imperio ruso.

Gracias al éxito de la expedición ruso-buriata, se iniciaron las negociaciones con el Dalai Lama en su regreso a Lhasa, pero se puso la condición previa de que los cosacos rusos fuesen protegidos. Además, el Tíbet tenía la intención de que se quedasen bajo una expedición cientifíca, los capitanes Kozlov y Kazakov, pero los planes tuvieron que ser abandonados a fin de no crear tensión innecesaria en la región.

En marzo de 1906 -después del regreso de la misión de reconocimiento-, se consideró conveniente que el Dalai Lama pudiese volver al Tíbet, o por lo menos a uno de los monasterios de China ubicados en las áreas contiguas al Tíbet. El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso consideró que todos los interesados ​​en los asuntos del gobierno de ese país iban a reaccionar con una atención excepcional al hecho de la vuelta del Dalai Lama al Tíbet. Y bajo la garantía de Rusia, el Dalai Lama regresó a Lhasa en diciembre de 1906.

Durante décadas, la inteligencia militar rusa mantuvo cuidadosamente en secreto la información relativa al Tíbet. Es de suponer que no salió todo a la luz, ya que se desconoce cuáles fueron las instrucciones confidenciales dadas por el zar Nicolás II.

Rusia negoció con éxito con China y el Reino Unido, con la superioridad que le había dado toda la información secreta recopilada en las expediciones. En 1907 se firmó el acuerdo anglo-ruso: los británicos reconocieron al Tíbet como parte de China y se comprometió a mantener relaciones relaciones con Rusia, a través de China. El Dalai Lama vivió primero en el monasterio Gumbut, cerca de la frontera tibetana y luego regresó a Lhasa.

Francis Younghusband

 

Por tanto, se había eliminado la amenaza de agresión británica. En el Tíbet se restauraron las condiciones normales de gobierno. Y la inteligencia militar jugó un papel importante en esa victoria estratégica de Rusia en Asia. Eso sí, con el paso de los años, el que salió perjudicado fue el Tíbet, que en siglo XXI solicita a China cada dos por tres su independencia. Otra buena historia sobre expediciones a esa zona es la concerniente a los nazis, pero eso no tiene cabida aquí.

 

- The Great Game (Libro en inglés de Peter Hopkirk sobre la rivalidad en Asia entre el Imperio Británico y el ruso).

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